SIERVO DE DIOS ALFONSO MOYA ROGEL

Nació en Orihuela el año 1893.

Estudió en el Seminario de San Miguel, costeando sus estudios con el trabajo personal que realizaba a causa de la pobreza familiar.

Ordenado sacerdote en 1917.
Poco después, por su excelente voz, mediante concurso fue nombrado Salmista de la Catedral.

Años después, también por oposición, Beneficiado-Sochantre de la misma, cargo que desempeñó con verdadera vocación y espíritu de sacrificio. Su voz llenaba el templo. También servía en calidad de Sochantre a la Parroquia de Santa Justa.

Era hombre activo por naturaleza.

En su trato era jovial, e instintivamente, comunicaba su buen humor a los compañeros. Su repertorio de anécdotas, adagios y chistes, hacía gratas las conversaciones.

En la Federación de Sindicatos Católicos colaboraba con eficacia con D. Ramón Barber, y por su interés y entrega en las tareas cristiano-sociales mereció el odio de la impiedad que finalmente le conduciría al paredón.

Era militante o afín al tradicionalismo, lo cual puede extrañarnos en 1991; pero hay que trasladarse al ambiente de la época (persecución religiosa y carencia de patriotismo) para comprender a quienes lucharon por altos ideales, exponiendo sus vidas por nobles causas.

Con tales antecedentes, a nadie extrañará que figurara entre los primeros en lista para eliminar...


Surgida la contienda, fue encarcelado el 28 de septiembre de 1936, y tras ser trasladado a la Prisión Provincial de Alicante, mereció ser condenado a muerte en idénticas circunstancias, antes enumeradas, de D. Ramón Barber.


Ejecutado el día de la Inmaculada, fue también contado entre sus mártires.

Sus restos, depositados en el cementerio de la capital, fueron honoríficamente trasladados a Orihuela en 1939, y tras las solemnes exequias, inhumados definitivamente en el de su querida ciudad natal.

SIERVO DE DIOS PASCUAL PÉREZ MIRA


En el pueblo de Monforte del Cid, el año 1875, vino al mundo Don Pascual Pérez, de padres modestos y cristianos.

Todavía niño, ingresó en el Colegio de San José de esta ciudad, para pasar, después de algunos años al Seminario, donde prosiguió con notable aprovechamiento los estudios eclesiásticos.

Ordenado sacerdote  en 1902, previo concurso, obtuvo en 1906 el curato de Benejuzar, que administró con celo hasta el año 1916, en el que también, mediante concurso, fue promovido al curato de Pinoso, que desempeñó con el mismo celo hasta  1922, en que fue nombrado por el Gobierno de S.M. el Rey, Canónigo de esta Catedral.

En todas partes dio muestras inequívocas de su amor a la justicia social, a la Patria y a la Religión, que fueron sus tres objetivos predilectos.

El año 1926 fue nombrado Profesor del Seminario donde, con diligencia y competencia, desempeñó las cátedras que le fueron confiadas.

Tambien el Señor Pérez fue orador notable; hablaba desde la cátedra sagrada con dominio de fondo y corrección de forma acerca de los temas que se proponía desarrollar, que eran siempre los más provechosos para el auditorio.

Era buscado, como orador, en ocasiones solemnes. En la Catedral suplía frecuentemente y con dignidad a varios oradores prebendados.

Desoyendo los consejos de los buenos amigos, por no abandonar a su anciana madre, permaneció en casa sin ocultarse hasta el día 14 de diciembre del infausto año de 1936, en el cual fue detenido por los milicianos y conducido al “desorden público”, donde permaneció con otros cuatro compañeros hasta la noche del 24 del mismo, víspera de Navidad, en la cual fueron sacados y conducidos a varias direcciones.

Nuestro biografiado fue llevado hacia Poniente, habiendo sido casi degollado por los verdugos junto al puente del Reguerón, entre Beniel y Zeneta.

Fue después conducido su cadáver al cementerio de Murcia, donde recibió sepultura.

Su género de martirio nos lo ha testificado una señora, Nieves Estruch, que juntamente con sus familiares los primeros días del mes de enero del año 1937, se personó en dicho cementerio y, mediante una gratificación, obtuvo del sepulturero la exhumación del cadáver, en el cual, bien identificado, descubrió las huellas inequívocas del martirio que le hemos atribuido.

El año 1940 fueron trasladados sus restos al cementerio de su pueblo natal, donde descansan.

SIERVO DE DIOS RAMON BARBER HERNÁNDEZ


Nació en la villa de Benferri en el año 1893.

Desde niño residió en Orihuela, ya que su padre se trasladó a la Ciudad Episcopal por ser empleado de la Caja de Nuestra Señora de Monserrate.

A los doce años ingresó en el Seminario de San Miguel donde, con aplicación y aprovechamiento, cursó los estudios de Latín, Humanidades y Filosofía.

A propuesta del Claustro de Profesores marchó a Roma para proseguir sus estudios en la Universidad Gregoriana; pero por diversas causas, entre ellas el inicio de la Primera Guerra Europea, tuvo que regresar a España, prosiguiendo en el Seminario sus estudios teológicos.

Finalizados éstos marchó a Valencia, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología.

Ordenado sacerdote, fue nombrado Coadjutor de San Miguel de Salinas y, poco después, Profesor de Filosofía en el Seminario, y previa oposición, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral.

El Prelado, Dr. Plaza y Blanco, le nombró Familiar suyo, responsabilizándole de varias tareas diocesanas, que desempeñó a satisfacción de todos.

Por aquellos años, Orihuela, como el resto de España, a consecuencia de la finalizada Guerra Mundial sufrió una gran crisis social, con radicalización de las masas obreras y signo anticristiano.

La gran asignatura pendiente de la Iglesia era la cuestión social y se necesitaban apóstoles para organizar el mundo del trabajo, conforme a la doctrina social de la Iglesia. D. Ramón Barber descubrió en ello su gran vocación, y se lanzó con valentía a este ministerio realizando una labor intensa en la Federación de Sindicatos Obreros Católicos, que agrupó en la ciudad y huerta, a centenares de obreros y campesinos.

La respuesta del campo contrario no tardó en llegar, y radicalizadas las posturas se entabló una guerra fría que en futuros tiempos, no lejanos, sería sangrienta.

El órgano semanal de la Casa del Pueblo «Renacer» atacaba despiadadamente a D. Ramón, que era el alma del Sindicato Católico, y por respeto a las buenas letras no consigno los insultos que se le dirigían; por su parte, el órgano del Sindicato, «Pueblo», respondía valientemente y ridiculizaba cuanto podía a sus adversarios.

Durante la 2da. República se endurecieron las posturas, las rivalidades se convirtieron en odios y se mascaba la tragedia.

Con ocasión de la intervención anticlerical del «Cura Morales» en el Teatro Circo, rebatida rotundamente en el Semanario «Pueblo» y el choque violento en pleno colegio electoral de D. Ramón Barber con D. Ginés Ganga, candidato a Cortes del Frente Popular, la tensión llegó al rojo vivo... (1).

Iniciada la Guerra Civil, los primeros odios se cebaron en D. Ramón que fue encarcelado y posteriormente trasladado a la Cárcel Provincial de Alicante.

En un juicio semejante al de Jesús en el Viernes Santo, con parecidas acusaciones: «enemigo del pueblo», «de la República», «perturbador del orden público», «enemigo de los obreros», «cómplice del Alzamiento»... y cuanto el lector pueda imaginar,  fue condenado a muerte en unión de su fiel colaborador en el Sindicato, D. Alfonso Moya.

¡El 8 de diciembre! se cumplió la sentencia en el patio de la Prisión Provincial, y fueron ejecutados quienes desde el primer momento, el pueblo les denominó: LOS MÁRTIRES DE LA INMACULADA.

La víspera de su muerte, a modo de testamento espiritual, escribió y entregó a sus familiares la siguiente carta:

“Muero por Dios, como El murió por mí.
Estoy muy sereno y muy tranquilo.
Dios me ha concedido lugar y tiempo para bien disponerme al último viaje.
Creo y tengo la seguridad que iré al cielo; seré feliz por toda la eternidad.
Muero por Cristo y por defender a los obreros.
No estoy arrepentido de mi conducta ni de haber defendido a los obreros, pues si mil veces viviera igual lo haría.
Soy inocente, como todo el pueblo lo sabe y podrá apreciarlo.
Perdono a mis enemigos y no les deseo ningún mal. Mis saludos a todos. Sólo pido a los obreros que se acuerden y recen por mí.

¡VIVA CRISTO OBRERO!

Firmado: Ramon Barber”

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En unión de D. Ramón Barber y D. Alfonso Moya, también fueron fusilados los obreros Francisco Ros Lorca, Alonso Cases Valero y Antonio Esquer Balaguer, que con él defendieron la misma causa.

La obra postrera y quizás la más excelsa por su gran finalidad y contenido social, fue la fundación en el año 1935 del Instituto Social Obrero, que inició sus clases el 1 de marzo, con la misión de formar verdaderos paladines del movimiento católico obrero, mediante el estudio de las encíclicas Rerum Novarum y Quadragésimo anno, de León XIII y Pío XI.

Aunque el trato con sus amigos, los obreros, le ocasionaba con frecuencia la enemistad con los patronos, fue tal la identificación de Ramón Barber con la causa de los obreros, que llegó a convertirse en su amigo incondicional, integrándose en sus hogares y participando siempre en sus alegrías e infortunios

¡Gran humanidad la de D. Ramón!

(1) Datos procedentes del libro «Héroes de la fe» de Mons. J. Espinosa, de la Hemeroteca de la Biblioteca Pública de Orihuela, Revista OLEZA de 1991 (D. Joaquín Ezcurra y testimonios de amigos y conocidos). Gratitud a D. Joaquín Ezcurra por su interesante documentación.

SIERVO DE DIOS DON DANIEL JOVER MIR


Nació en el pueblo de La Romana en el año 1887.

Tras cursar los estudios en el Seminario de San Miguel de Orihuela y recibir el Orden Presbiteral, fue destinado Coadiutor de Rojales y posteriormente de Pinoso.

Se distinguía por su caridad, siendo muy querido de la gente pobre y sencilla.

Nombrado cura de Salinas, dejó muy buen recuerdo en los años de su permanencia.

Por motivos familiares, solicitó y le fue concedida la incardinación en la vecina diócesis de Cartagena. Su destino fue la importante parroquia de San Juan de Albacete, convertida hoy en Catedral del mismo nombre.

Su labor pastoral fue admirable, ya que por su desprendimiento y caridad, atrajo las voluntades, incluso de quienes militaban en campo contrario. Como afirma su biógrafo (1) «nadie que llegase a él para exponerle alguna necesidad regresaba con las manos vacías». D. Daniel lo daba todo.

Era público en la parroquia que, sobre todo en días de invierno, recogía a pobres mendicantes para acompañarlos a la tahona, donde les regalaba un pan a cada uno.

Tras la revolución del 18 de julio, en la ciudad de Albacete y en sus primeros días, triunfó el alzamiento militar; pero vencedoras las tropas republicanas, la represión fue dura y los ánimos estaban muy excitados.

Aunque la iglesia no intervino absolutamente en la contienda, tanto los templos como los sacerdotes estaban amenazados, por lo que D. Daniel, en busca de una probable seguridad, quiso marchar a su pueblo natal.

Encontrándose en la estación de Albacete, al registrar su sencillo equipaje encontraron su sotana, siendo detenido por tan grave delito y conducido al Ayuntamiento. Horas después, ante los numerosos conocidos que testificaban en su favor, quedó en libertad, marchando a su casa.

Pero el 9 de septiembre de 1936, de madrugada, unos milicianos irrumpieron en su domicilio y forzándole a subir al coche, le asesinaron en el kilómetro 8 de la carretera de Murcia.

(1) Monseñor J. Espinosa en “Héroes de la Fe”

SIERVO DE DIOS DON MANUEL GARCIA RIQUELME


“Fueron sus padres honrados y piadosos artesanos naturales de esta ciudad de Orihuela, donde nació también nuestro biografiado el año 1902. Su padre, además de carpintero habilidoso, fue por muchos años portero del Palacio Episcopal a cuya sombra debió sin duda despertarse la vocación al estado eclesiástico de su hijo Manuel, quien empezó los estudios correspondientes en temprana edad en el Seminario de S. Miguel, primero en clase de externo, después en la de interno.

Hizo la carrera con laudable aprovechamiento y en su virtud consiguió, previos los oportunos trámites, la Licenciatura en Sagrada Teología en el Seminario Pontificio de Valencia.

Dotado de una forma elegante y de un carácter amable, así como fue de todos estimado como estudiante, lo fue después como sacerdote, dignidad que recibió en 1928, captándose el aprecio de todos los pueblos donde ejerció el sagrado ministerio, que fueron sucesivamente Salinas, La Marquesa, Torremendo y Granja de Rocamora.

En todos estos pueblos bien se puede repetir del Sr. García aquello de la Sabiduría: "Fue amado de Dios y de los hombres".

Mas, a tan benemérito sacerdote no podían perdonarle los enemigos de la Religión. Al producirse el glorioso Alzamiento hubo de refugiarse en esta ciudad, donde fue detenido por los satélites de la República y encarcelado juntamente con otros 9 sacerdotes.

Su comportamiento en la cárcel fue digno de un sacerdote: no sólo se manifestó resignado en sus padecimientos sino que envidiaba a los que padecían más que él a causa de la Religión. Sus deseos se vieron coronados. La noche del 30 de noviembre, a hora intempestiva, fue sacado con los demás compañeros de sacerdocio por un grupo de esbirros, quienes obligaron a aquéllos a ocupar inmunda camioneta con pretexto de  tener que prestar declaración en Alicante; en realidad fueron conducidos a las inmediaciones del cementerio de Elche, donde fueron sacrificados y luego sepultados sus gloriosos restos.

El día 9 de julio de 1939 todos estos sagrados despojos fueron trasladados triunfalmente a esta ciudad, donde fueron honoríficamente recibidos por todas las clases sociales y, finalmente, depositados en su cementerio, donde descansan.



(Del Folleto de 61 páginas "Héroes de la Fe", escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS DON JERONIMO VERGEL CASES


“En el año 1884 y en la villa de Rojales nació D. Jerónimo Vergel, quien a los doce años ingresó en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José, de Orihuela, para luego cursar los estudios con notas brillantes en el Seminario de San Miguel.

Recibido el Presbiterado en 1908, ejerció su ministerio parroquial sucesivamente en Pinoso, Almoradí y Rojales, en calidad de Coadjutor.

En el año 1911 opositó con éxito al Cuerpo de Capellanes Castrenses, permaneciendo en él hasta el año 1931.

Con los correspondientes ascensos y cumpliendo muy dignamente su ministerio alcanzó la graduación militar de Comandante.

El Benemérito Cuerpo de Capellanes Castrenses, casi en todas las naciones, incluidas las hasta ahora de la Europa del Este, marxista, asiste espiritualmente a la tropa y oficialidad de los distintos ejércitos. Su condición militar les prestigia ante los soldados, y su proyección moral y espiritual, ejercen un influjo benéfico en la juventud castrense que tanto los necesita.

El Gobierno de la 2ª Republica, demoledor de tantas instituciones religiosas, disolvió el clero castrense suprimiendo todos los servicios religiosos en los cuarteles.

El postrer destino militar de D. Jerónimo en su calidad de Capellán Castrense, fue el Hospital Militar de Mahón, donde le sorpendió la supresión de la Diócesis y Cuerpo de Capellanes Castrenses.

Reintegrándose a su jurisdicción diocesana original, fijó su residencia en su pueblo natal.

Al estallar el movimiento y notando que el ambiente de la villa le era hostil, la abandonó y pensó refugiarse en Cartagena, esperando ser respetado por su condición militar. Más lo que de suyo era un honor, en tales tiempos constituía un serio peligro, siendo detenido y conducido a Alicante, en cuyo Reformatorio fue encarcelado (1).

Sin juicio ni interrogatorio alguno que sepamos, a consecuencia del llamado “bombardeo de las ocho horas”, que tuvo lugar el 28 de noviembre de 1936, y en represalias por el mismo, fue al día siguiente sacado de la cárcel, en unión de numerosas víctimas, y ejecutado en las tapias del cementerio municipal. Posteriormente finalizada la guerra, sus restos se trasladaron al cementerio de Rojales”.

(1) Datos extraídos de «Héroes de la fe», de D. Joaquín Espinosa; «Persecución religiosa en España», de Antonio Montero, 1961, y de D. Manuel Vicente Linares, Capellán de 1.ª Castrense (jubilado).

SIERVO DE DIOS CARLOS ESQUER MIRA


Hijo de padres cristianos y modestos, vino al mundo el 1875, y, secundando el divino llamamiento en condición de alumno externo, estudió los cursos de Latín y Humanidad en el Seminario Diocesano de S. Miguel, en donde, como interno, prosiguió luego los estudios de Filosofía y Teología, al fin de los cuales recibió el grado de Licenciado  en el Metropolitano de Valencia; y poco después fue nombrado profesor de éste en la Purísima Concepción, donde desempeñó satisfactoriamente sucesivas cátedras de Latín y Filosofía.

En 1910 el Gobierno de S. M. le nombró Arcipreste de la Catedral de Plasencia y, después de algunos años, lo trasladó a la Maestrescolanía de Sigüenza y, finalmente, el año 1916 al Arcedianato de Orihuela.

El señor Cavero, durante su Vicaría Capitular, lo nombró Administrador del Acervo Pío Diocesano, cargo que con rectitud e inflexibilidad matemática ha desempeñado hasta su muerte, ocurrida en las mismas circunstancias que la de los dos anteriores.

Confiaba mucho en sus familiares, muchos de los cuales real o aparentemente militaban en el sector izquierdista; pero unos y otros lo abandonaron en la hora del peligro, habiendo exclamado, lleno de extrañeza, al oír a los forajidos pronunciar su nombre: “¿Yo también?”

Esta es la piedad republicana o, mejor dicho, este es el odio republicano a los sacerdotes, que no perdona ni a los suyos.

(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Dr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS EDUARDO SORIA MARCO


Hijo de padres buenos y modestos, abrió sus ojos a la luz don Eduardo Soria en esta ciudad el año 1874.

Su carácter sencillo y trato jovial le granjearon las simpatías de cuantos le conocieron, viniendo a ser una institución popular.

En condición de fámulo cursó sus estudios en el Seminario de la Purísima Concepción, al fin de los cuales, en 1899, fue ordenado sacerdote y enviado de Coadjutor a Bigastro, donde permaneció sólo dos años, viniendo luego a ocupar la plaza de Sacristán Mayor de la Catedral y Confesor del Cabildo, cargo que desempeñó con la sencillez en él característica hasta el 1935, en que el Rvdmo. Prelado, en atención a su edad y queriendo procurarle algún descanso, le nombró Capellán del Asilo, dotándolo de congruos emolumentos para que terminara su vida con decoro.

Así las cosas, estalló la revolución que no perdonó a este humilde sacerdote, cuya caridad en orden a socorrer al prójimo le creó verdaderos conflictos pecuniarios, sino que después de haberlo arrancado del lado de sus hermanas, cuyo único sostén era, lo encarcelaron y arrebataron la vida en las cercanías del cementerio de Crevillente, dejando a aquellas en la mayor indigencia. ¡Filantropía roja, cuyo ideal es el odio a Cristo, a quien el señor Soria representaba!


(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS EDUARDO TORRES LOZANO


Hijo de cristianos y modestos comerciantes, vio don Eduardo la luz primera en Orihuela el año 1877.

No tardó mucho en manifestarse en él la vocación al estado eclesiástico, pues apenas pasados los años de la infancia en ejercicios de piedad al lado de sus virtuosos padres, empezó como alumno externo en el Diocesano de San Miguel los estudios enderezados al sacerdocio, que terminó en 1901, en el cual recibió el presbiterado.

Una vez ordenado sacerdote fue designado Coadjutor de Bigastro, cargo que desempeñó por algunos años hasta que, mediante el oportuno examen, fue nombrado Capellán de la Misa de seis y media y 2º Maestro de Ceremonias de la S. I. Catedral. Lo que no debe extrañar, porque si bien el Señor Torres era
Sacerdote de escaso talento y de modestas facultades, sin embargo, era una persona de fino trato social y de exquisitos modales, unidos a una gran seriedad de procedimientos y a una conducta moral intachable.

Obligado el Iltmo. Cabildo Catedral a suprimir el cargo de 2º Maestro de Ceremonias por la reducción de gastos que impuso la supresión del Presupuesto Eclesiástico decretada por la República el año 1936, el Sr. Torres fue nombrado Coadjutor Auxiliar de la Parroquia del Salvador, que a la sazón funcionaba en la Iglesia de la Merced, de donde ya había sido designado Capellán de la Misa de once, cargo que desempeñó con laudable exactitud.

Una vez estallada la revolución, Don Eduardo fue una de sus primeras víctimas, siendo detenido con los otros nueve Sacerdotes, de los cuales hemos hecho repetida mención, y sacado con ellos la noche del 30 de noviembre de 1935 de la cárcel de este partido y conducido a las inmediaciones del cementerio ilicitano, donde sufrió glorioso martirio. Sus restos fueron trasladados a este cementerio Orcelitano.

(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS ESTEBAN ZARCO MOYA


La ciudad de Cehegín, de la provincia de Murcia, fue la cuna de D. Esteban Zarco, el que nació de D. Antonio Zarco y Doña Josefa de Moya, el día 4 de junio de 1899.

Siendo bautizado por su tío, sacerdote del mismo nombre y apellido, el día 9 siguiente.

Estudió la carrera eclesiástica con gran aprovechamiento y muestras de singular virtud lo mismo en el Seminario Diocesano que en su pueblo natal durante las vacaciones.

Fue ordenado sacerdote en la Témporas de la Trinidad en 1924 y cantó su primera misa el 27 de junio del mismo año, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

Desempeñó los cargos de Coadjutor de Molina del Segura, Rector de Escobar y Burete y Coadjutor del Carmen de Cartagena y, desde este cargo, vino a la Diócesis de Orihuela, en donde, previa lucida oposición, obtuvo en 1931 un Beneficio con el oficio de Sochantre en esta S. I. Catedral, que desempeñó con inteligencia y puntualidad hasta el deplorable año 1936 en que fue detenido y encarcelado con otros nueve sacerdotes, de los cuales se ha hecho frecuente mención en este blog y cuya misma suerte corrió.

Era el Sr. Zarco sacerdote de carácter serio, de costumbres austeras y de vida ejemplar. Por la formalidad en sus actos inspiraba confianza a todos.

(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS FERNANDO BONET GARCÍA


Hijo de padres laboriosos y bien acomodados, naturales de Galicia, nació Don Fernando en 1870 en Orihuela, en cuyo Seminario con carácter de alumno externo, hizo la carrera eclesiástica con bastante aplicación.

Recibió el Sagrado Orden del Presbiterado el año 1893 y al siguiente fue nombrado Capellán de la Iglesia de la Merced, restaurada por la munificencia y desvelos del Rvdmo. Sr. Maura. Muchas mejoras y notable incremento recibió el culto de esta Iglesia durante el rectorado del Señor Bonet, hombre celoso y bien relacionado con familias ricas y piadosas.

Tuvo especial aptitud Don Fernando para las matemáticas, la cual unida a su inflexible carácter, le granjeó el acceso a varias administraciones públicas y privadas, siendo considerado en todas ellas como autoridad en materias financieras.

En su virtud el M. I. Sr. Dr. Don Andrés Die, siendo Vicario Capitular, lo constituyó Mayordomo del Seminario. El actual Rvdmo. Prelado lo nombró Visitador General Económico de la Diócesis, oficio que desempeñó con laudable fidelidad. También el matrimonio prócer: Don Pedro Soto y Doña Ana Cano Manuel lo nombraron albacea en su cristiano testamento, que él ejecutó después con sujeción estricta de la voluntad de los causantes. Estos también fundaron una decorosa Capellanía en la Parroquia de Santiago cuyo primer titular había de ser el Señor Bonet, quien posesionóse de ella en 1920.

Un sacerdote de estas condiciones no podía menos de despertar la codicia y el odio de los rojos, cuyos ideales eran la Religión y el capital: aquélla para destruirla, éste para arrebatarlo.

De hecho fue detenido el Sr. Bonet con mucho aparato de fuerza armada y lujo de precauciones en noviembre del 36; y luego puesto en libertad temporalmente, mediante una multa de muchas miles de pesetas, las cuales, una vez arrebatadas, otra vez lo encarcelaron y lo sacaron la víspera de Navidad de dicho funesto año para mayor ludibrio, al objeto de darle cruel muerte en las inmediaciones del cementerio de Crevillente, del cual fueron los restos mortales de la víctima trasladados al de esta ciudad con solemne pompa funeraria el 9 de julio de 1939.

(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS JAIME SORIANO GARCIA


Capellán del Colegio Jesús y María

“De cristianos y modestos obreros nació Don Jaime en Orihuela en 1875. Cursó la carrera eclesiástica en este Seminario de la Purísima Concepción, no pudiendo hacer grandes esfuerzos literarios a causa de su poca salud corporal.

Ordenado sacerdote en 1899, fue enviado de coadjutor a Almoradí, donde permaneció sólo dos años por haberse acentuado sus habituales achaques.

Vuelto a Orihuela, fue nombrado Capellán del Colegio de Jesús-María en 1901, cargo que fielmente sirvió hasta la muerte, inferida por los rojos en la fatídica noche del 30 de noviembre, del no menos funesto año 1936, juntamente con los otros nueve, de quienes hemos hecho frecuente referencia, en las proximidades del cementerio de Elche.

Fue el Sr. Soriano sacerdote culto, bien educado y muy amante de Nuestro Padre Jesús, a quien diariamente visitaba en su Capilla de la Orden Tercera, sita en la iglesia de Santa Ana”.

SIERVO DE DIOS JOSÉ ALONSO ROMERO


Nació don José Alonso en la villa de Dolores, de la cual fue médico su padre, el que falleció siendo aquel todavía muy niño.

Habiendo conseguido de la naturaleza una buena índole, esmeradamente cultivada por sus cristianos padres, adolescente ingresó en este Seminario de la Purísima Concepción, donde merced a su aplicación al estudio, fue agraciado con una de las becas fundadas por el Excmo. Guisasola.

Ordenado sacerdeto, fue nombrado Párroco de Busot.

Su quebrantada salud le obligó, después de algunos años, a permutar con don Antonio Sánchez, Cura de Granja de Rocamora, cuya parroquia regentó hasta 1932, en que vino a residir a Orihuela, habiendo sido nombrado Coadjutor Auxiliar de Santiago, y Capellán de la Beneficencia en 1935.

Desempeñando este cargo sorprendió el estallido de la revolución al señor Alonso, sacerdote bien presentado, de carácter afable, suave en sus modales y atento sólo a hacer bien.

La horda marxista, incapaz de apreciar estas buenas cualidades, lo arrancó casi de los brazos de su piadosa madre y, después de tenerlo encarcelado en el “Desorden público”, lo sacó, escoltado por un grupo de forajidos, para darle impía muerte junto a las paredes del cementerio de Crevillente. Su inconsolable y desamparada madre ha legado al Seminario los libros del hijo mártir, cuyos restos descansan en este cementerio.


(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS JOSÉ BELSO CASTAÑO


En la ciudad de Las Palmas, el año 1901, nacía Don José Belso, de padres cristianos y laboriosos.

En edad muy temprana empezó los estudios con notable aprovechamiento en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de San José.

Después de cursado el 2º de Filosofía pasó al Seminario de San Miguel, donde los prosiguió con el mismo aprovechamiento, mereciendo en todos los cursos las más altas calificaciones y tomando parte muy brillante en los actos públicos literarios.

Ordenado de sacerdote en 1925 fue nombrado Coadjutor de Cox y poco después vino al Seminario con el cargo de Catedrático de 1º de Latín, que desempeñó con habilidad y competencia, enseñando con atrayente maestría a sus discípulos los rudimentos de la Lengua del Lacio y de las Humanidades.

Siendo Profesor fue agraciado con la Capellanía de las Religiosas Agustinas del Convento de San Sebastián, cargo que desempeñó satisfactoriamente.

En el año 1935 fue promovido al curato de Albatera, en el cual se conquistó generales simpatías por su celo y carácter bondadoso.

Ejerciendo este oficio le sorprendió la revolución y, en vez de continuar en la antedicha villa, creyéndose más seguro en su ciudad natal, se trasladó a ella, instalándose en su propio domicilio, donde el día 22 de julio del 36 fue detenido y conducido a la cárcel, en la que permaneció hasta el 5 de noviembre del mismo año, en que fue sacado para asesinarlo en el lugar denominado “Ermita de Santa Bárbara”, término municipal de Petrel, donde permaneció insepulto su cadáver por espacio de dos días, siendo luego enterrado, juntamente con los de otros interfectos, en el cementerio de este último pueblo.

Todas las pesquisas practicadas para encontrar e identificar su cadáver han resultado infructuosas. Así trataron los marxistas ilicitanos a un sacerdote paisano suyo, culto y piadoso.
 

SIERVO DE DIOS JOSÉ GARCÍA PÉREZ


El Siervo de Dios nació en la Villa de Pinoso el año 1875 y en su templo parroquial de San Pedro Apóstol bautizado el mismo año.

Hijo de familia muy pobre, para sufragar sus estudios trabajó como empleado en la necesidades del seminario y de los alumnos.

Muy aficionado a la música, simultaneó sus estudios con los de la carrera eclesiástica.

Ordenado sacerdote en las témporas de la Santísima Trinidad del año 1901, tuvo como primer cargo, el servicio a la parroquia de Pinoso que le vio nacer, en calidad de organista.

Por oposición obtuvo el curato de Algueña en donde dejó muy gratos recuerdos.

Más tarde, fue enviado a la parroquias de Albatera, y por fin el año 1934 a la de Monforte del Cid, su último cargo pastoral.
 
En esta parroquia, emprendió una labor pre-evangelizadora que englobaba a toda la feligresía, por haber puesto en marcha una campaña de aceptación general, cual era la de elevar la cultura de niños y jóvenes, sacando de ellos valores artísticos escondidos.

No faltan hoy día los que recuerdan y agradecen a Don José su carrera artística y los triunfos de su vida.

Llegó éste buen párroco a Monforte del Cid, en tiempos difíciles para la Iglesia. El 18 de Julio de 1936, comenzó el tramo más doloroso para la vida de Don José García.

En los primeros días de la revolución fue detenido, maltratado bárbaramente y llevado a la prisión provincial de Alicante juntamente con un grupo de feligreses que, juzgados, fueron condenados a 12 años de reclusión.

El Frente Popular Monfortino, que por encima de todo quería la muerte del párroco, exigió un nuevo juicio con el pretexto de revisar la causa. Celebrado el juicio, fueron absueltos los paisanos y condenado a muerte el párroco.

Tras cuatro días de capilla esperando la ejecución, tuvo esta lugar la víspera de Navidad, sin que surtieran efecto las numerosas súplicas interpuestas por los vecinos de Monforte para su indulto.
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El 2 de Septiembre de 2004, vuelve el ejemplar sacerdote al templo parroquial de Ntra. Sra. de las Nieves de Monforte del Cid, con la presencia de sus venerables huesos, para perpetua memoria y estímulo de fe de los que fueron sus feligreses.

SIERVO DE DIOS JOSÉ MARÍA GÓMEZ TORREGROSA


Natural de Novelda, nació en 1910, cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de San Miguel con bastante aprovechamiento.

Durante la carrera fue el modelo del estudiante vivaracho y hasta revoltoso en algunas ocasiones; pero de excelente corazón, en el cual germinaban las semillas de una gracia abundante que en su día habían de dar copioso fruto.

Ordenado, en efecto, de sacerdote el año 1933, inmediatamente se dio todo a trabajar por la gloria de Dios y salud de las almas, repartiendo al mismo tiempo sus pocos recursos a favor de los necesitados. Nada de extraño, pues, que se constatara la general estima de todos los pueblos donde ejerciera su apostólico ministerio: Rebalso, La Marquesa, Montesinos, San Miguel de Salinas y San Roque de Novelda colmaron de bendiciones al señor Gómez en su tránsito por ellos.

Cuando fue incendiada la iglesia del penúltimo de los mencionados pueblos, se refugió en Novelda al lado de su familia; la noche del 14 de diciembre del fatídico 1936 fue sacado de su casa por los marxistas, que lo asesinaron en el término de Elda, en cuyo cementerio fue sepultado hasta el 22 de noviembre del 39, en que fue trasladado al de Novelda.

Su padre, don José Gómez Hernández, refiere episodios edificantes de los últimos días de su hijo; primero, el haber rechazado enérgicamente la propuesta que le hizo en noviembre Luis Torregrosa Samper, de que renunciara a la religión católica con pretexto de ser falsa; segundo, el haber anunciado el 4 del mismo mes, siendo las siete de la tarde, que quedarían pocos sacerdotes; y a las siete y treinta se presentaron en su domicilio Francisco Crespo Manchón y Luis González Gil, naturales y vecinos de Novelda, para que José María los acompañase al Frente Popular con la desacreditada excusa de haber de prestar cierta declaración, prometiendo que antes de quince minutos estaría de regreso en casa.

Salió para el Frente Popular y en la misma esquina de la calle lo subieron a un coche acompañado de cinco individuos que lo atormentaron hasta llegar al chalet de “Manolo”, cerca de Elda, donde lo asesinaron los mismos cinco rojos.

Ellos declararon que se colocó en medio de la carretera, gritando: “Viva Cristo Rey”, por seis veces repetido. Descargáronle seis tiros en la cabeza y uno de gracia por el chófer “Tomata”.


(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS JOSÉ PLANELLES MARCO

Hijo de padres ilustrados y piadosos abrió por vez primera sus ojos a la luz el 8 de enero de 1885 en la villa de San Juan. 

Dotado por la naturaleza de singular talento, que cultivó con esmerada aplicación al estudio desde que tuvo uso de razón, se dibujaron, sin embargo, en él, dos tendencias: una a las letras profanas y otra a las Sagradas. Venció la segunda y, aunque interrumpió la carrera eclesiástica alguna vez, al fin la terminó donde la había empezado, o sea, en el Seminario de San Miguel, recibiendo el presbiterado en las Témporas de mayo de 1910.

Dos años estuvo de Coadjutor en Pinoso de donde pasó, mediante el concurso de 1916, a ocupar el curato de Aguas, que desempeñó laudablemente durante doce años, siendo luego trasladado al de Agost, que administró breve tiempo. 

Al dejar el oficio parroquial fijó su residencia en Alicante, donde se dedicó a la enseñanza, en cuyo ejercicio le sorprendió la revolución, siendo por ella encarcelado a principios de octubre de 1936, habiendo permanecido en la Prisión Provincial hasta el 29 de noviembre siguiente, fecha en que lo mataron juntamente con otros muchos. 

Dicen que cuando iba a ser puesto en libertad juntamente con otro compañero, supieron los rojos que había oído la confesión de José Antonio Primo de Rivera, y que por esta causa lo asesinaron.

Fue pues, el Señor Planelles, en cierto sentido, mártir de la confesión sacramental.

(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS JOSE TORRELLA RODENAS


Cura Párroco de Santas Justa y Rufina

Nació en 1875 en la villa de Ayora

Era familiar de D. Enrique Teruel, a quien siguió en la carrera eclesiástica desde el Seminario de San Miguel. 

Finalizados los estudios en Orihuela con brillantez, se desplazó a Valencia, en cuya Universidad Pontificia cursó y obtuvo la Licenciatura en Sagrada Teología. 

Ordenado sacerdote en 1899 fue nombrado Profesor de Latín y Humanidades en el Seminario Orcelitano, siendo también Mayordomo en el citado centro. 

Tres años más tarde (1902) tomó parte en las oposiciones a parroquias, siendo elegido Cura de la Parroquia de Santas Justa y Rufina, cuyo cargo desempeñó hasta su muerte.

En sus 34 años de ministerio parroquial realizó notables reparaciones en su monumental iglesia, restaurando la cúpula, reparando la torre y crucería y levantando las viviendas parroquiales.

Orador elocuente predicó en gran parte de la Diócesis, y por lo que atañe a su Iglesia de Santa Justa, la misa dominical de las 11 registraba un lleno absoluto que escuchaba con gusto y atención a su ilustrado pastor, quien en tiempos difíciles para la Iglesia y para la Patria predicó con valentía, levantando los ánimos decaídos. 

En las pocas ocasiones que hablé con él, mostrándome pesimista ante el futuro, siempre me respondía: «No temas, aunque sea con nuestro sacrificio Dios ha de triunfar. El Sagrado Corazón de Jesús ha de reinar en España».

El grupo de seminaristas que le escuchábamos guardábamos silencio y admirábamos su fe. 
Y como no era sólo hombre de palabras sino de vida y acción, colaboraba activamente en la Federación y organizaciones sociales y apostólicas de la ciudad. Para los marxistas de Orihuela era uno de los “eliminables”.

El 28 de septiembre de 1936, con engaños y promesas de garantías y próxima libertad que le hiciera un antiguo vecino e improvisado oficial de prisiones, se entregó D. José a sus aprehensores, quienes encarcelándole en Orihuela tras el saqueo del templo y casa parroquial, le trasladaron posteriormente a la capital (Prisión Provincial).

Juzgado en unión de D. Ramón Barber y D. Alfonso Moya, y acusado de los mismos «delitos» que sus compañeros (véase el art. de D. Ramón Barber) fue condenado a muerte y ejecutado en la mencionada fiesta de la Inmaculada.

Con la misma valentía que desde el púlpito predicaba la Palabra de Dios, y tantos años arengó a los seminaristas en su Fiesta Mayor de la Inmaculada Concepción, confiado en la dulce esperanza de que aquel día vería en el cielo a su Madre Inmaculada, ante sus verdugos que ya apuntaban sus fusiles gritó valientemente: ¡¡VIVA CRISTO REY!! ¡¡ VIVA ESPAÑA!!

Sepultado en el cementerio de Alicante tres años más tarde, envueltos sus restos en la bandera española se trasladaron triunfalmente a Orihuela, donde recibieron honrosa sepultura.

SIERVO DE DIOS LUIS PARRA BOTÍ



En esta ciudad el año 1882, vino al mundo el señor Parra, hijo de humilde y piadoso carpintero, virtudes que trascendieron a toda su numerosa familia.

Sirviendo de sacristán en la Iglesia de San Sebastián, siguió la carrera eclesiástica en el Seminario de San Miguel de Orihuela con tan buen comportamiento moral como escaso lucimiento literario.

Ordenado sacerdote en 1907 fue nombrado Capellán de la Iglesia de las Salesas, cargo que desempeñó durante varios años con discreción y bonísima voluntad.

Ante la escasez de medios de vida con que luchaba, se trasladó temporalmente a la próxima Diócesis de Cartagena, siendo en ella designado Rector de S. Joaquín de Cieza y más tarde del Salvador de Yecla. En una y otra parte se condujo como buen operario de la viña del Señor, dejando en ambas grato recuerdo de su labor.

Reintegrado a esta diócesis el año 1925, se le confirió el Curato de Jacarilla, en aquellos tiempos en que el señor Marqués de Cubas y Señor de la misma la dotó, entre otras mejoras, de una hermosa iglesia parroquial de perfecto estilo gótico, que los rojos amantes del arte y de la cultura han saqueado. La gestión realizada por el Señor Parra en el nuevo campo de operaciones fue meritísima, conquistando generales simpatías de parte de los jacarilleros, tan difíciles de contentar como propensos a exaltaciones populares, hasta el punto que queriendo el Rvdmo. Prelado promoverlo a otros cargos, sus feligreses siempre se opusieron. Y nada de extraño. Era Don Luis sacerdote ejemplar, de buena presentación física, discreto en sus palabras, celoso del cumplimiento del sagrado ministerio y buen predicador: sus palabras estaban dotadas de claridad y de unción.

Al explotar la revolución, se refugió en esta ciudad natal, esperando en ella, al menos, justicia.

Las autoridades de este su pueblo natal se portaron con él como despiadada madrastra, deteniéndolo, encarcelándolo, y, finalmente, asesinándolo en las inmediaciones del cementerio de Crevillente, de donde con honrosa pompa fúnebre fueron sus restos trasladados a este cementerio el 9 de junio de 1939.


(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS LUIS ESTAÑ MELLADO


Coadjutor de San Martín de Callosa de Segura.

Natural de Callosa de Segura, en el seno de una familia muy cristiana nació el año 1908. 

Con una inclinación innata a todo lo bueno, en edad temprana, ini­ció los estudios eclesiásticos en el Colegio de Vocaciones de San José, de Ori­huela. Pasó después al Colegio-Seminario de Murcia, y con alguna interrupción en los estudios por motivos de salud regresó a Orihuela, finalizando su carrera en el Seminario de San Miguel.

Apreciado por todos sus compañeros por su nobleza y sencillez, era alegre y ocurrente en el trato social, distinguiéndose por una extraordinaria obediencia hacia sus superiores, no sólo en sus mandatos, sino en sus insinuaciones y obser­vaciones. Con motivo de unas vacaciones navideñas (1930) en que no fuimos a casa, sino que las pasamos en el Seminario (con gran disgusto de alumnos y familiares) los superiores, para quitarnos «la morriña», organizaban veladitas re­creativas que divertían a los pequeños, pero a los mayores... Y hacíamos sufrir a los superiores, que no tenían culpa de nada... Nuestro Luis Estañ, por obedien­cia actuó siempre en dichas veladas, desempeñando papeles un tanto cómicos. Aún recuerdo que en uno de ellos vestido con atuendos rarísimos, que asustaban (parecía el espectro del Comendador en el Tenorio), cantó con su voz potente y un tanto desentonada una melodía integrada por «retales» de diversos himnos y cantos litúrgicos, uniendo la «Salve» con el «Dies irae», el Te Deum, Pater nos­ter, Credo, Salmos y Antífonas, o sea un auténtico disparate, con hábil ensambla­dura, que provocó la hilaridad del «respetable». Sólo él era capaz de cantarlo y con gracia...

Tal vez como secuela de una enfermedad, su memoria flaqueaba, por lo que en las clases y sobre todo en los exámenes, sufría lo indecible, pues estudiaba mucho y retenía poco... Como el buen humor siempre le acompañaba, no se acom­plejaba por su poca memoria, y sobre todo en el mes de mayo, tanto en su habi­tación, como durante los recreos y paseos, abriendo la espita de su subconsciente, interrumpía la conversación y gritaba con todas sus fuerzas: ¡¡Qué exámenes...!! ¡¡Señor, que exámenes...!! Al tiempo que reía a gusto y todos con él, aunque sa­bíamos que tales gritos eran la expansión de su terrible calvario intelectual... Por su gran amor a Dios llevaba gustoso la cruz de su poco talento...

En santidad, acompañada de sencillez e inocencia era de los primerísimos en el Seminario.

Recibido el Presbiterado en 1934 de manos de D. José Alcaraz Alenda, Obispo de Badajoz, por enfermedad de nuestro Prelado, Dr. Irastorza, fue designado se­guidamente Coadjutor de su ciudad natal, oficio que desempeñó con tanto es­mero y celo, que en pocos meses fue muy querido por todo el pueblo y en alto grado apreciado por su Párroco (1).

Cuando a raíz del 18 de julio se cerró la Iglesia Arciprestal, empleaba santa­mente el tiempo preparando en su casa a un grupo de muchachos, a los que im­partía clases para ingresar en el Seminario, finalizada la contienda... En dicha tarea fue sorprendido por unos milicianos los cuales, ante tan gravísimo delito, le en­carcelaron en un calabozo, hediondo y repugnante, y con palabras de la esposa del carcelero que lloraba por la situación de D. Luis, éste permanecía en conti­nua oración, ante una gran cruz de carbón que había dibujado en la pared, cual otro Tomás de Aquino. Su elevado espíritu superaba la hediondez del lugar.

Ya preveía la tragedia, porque una tarde del mes de agosto, al visitarle el hoy canónigo, D. Francisco Navarro Aguado, durante la conversación, le dijo su hermana Ángeles:

-Luis, escóndete donde puedas, porque un día pueden venir los milicianos y llevarte para matarte.

A dichas palabras contestó D. Luis:

-Si vienen por mí, no será por malhechor, sino porque soy sacerdote; y como no soy cobarde, la mayor gloria para mí sería dar la vida por Cristo; antes la dio El por mí. Les diría: ¡disparar!

Al decir tales palabras colocó sus manos ante el pecho, y en su rostro se expresaba un gesto de valentía (2).

El día 20 de noviembre de 1936, en unión de D. Rafael Ramón, fue sacado y conducido en un coche a la garganta de Crevillente. Llegado al lugar del mar­tirio, con perfecto dominio de sí mismo y heroica fortaleza, se adelantó a abrir la portezuela del coche y alentó a su compañero que rehusaba bajar, diciendo: a ¡Maestro! Ha llegado la hora de cumplir con nuestra misión de sacerdotes; los que van a acabar con nuestras vidas, nos abrirán las puertas del cielo».

Le llamaban maestro por ser quien le preparó para ingresar en el Seminario. Acto seguido preguntó a los esbirros quién era el designado para matarle, y al escuchar la respuesta le dijo: «Permíteme que bese tu mejilla en señal de perdón». Y le dio el ósculo de paz. El designado propuso a sus compañeros que per­donaran a su víctima, pero la perversidad triunfó sobre los buenos sentimientos.

D. Luis pidió a sus verdugos le concediesen un minuto para orar recitando en voz alta el “ Padre Nuestro “, al decir las palabras: “ Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores “, tapando su cara con una mantita que llevaba, dijo: “ ¡DISPARAD! “, muriendo segundos después.

La página de la Muerte de D. Luis Estañ parece arrancada del Martirologio de los primeros siglos, y le coloca entre los grandes mártires de nuestra fe.

Tres años más tarde su cuerpo, que yacía en la fosa común, fue desenterrado y expuesto en la Iglesia de San Martín, apareciendo incorrupto y vestido con su sotana.

(1) No pocas de sus notas biográficas están tomadas del libro de D. Joaquín Espinosa «Héroes de la fe», 1942. Otras son recuerdos personales y de sus amigos.

(2) Palabras oídas y escritas por el Canónigo D. Francisco Navarro, entonces seminarista y amigo de D. Luis.

SIERVO DE DIOS ANTONIO BARBERÁ SENTAMANS


Nació en Guadasuar, Valencia, en 1893, de padres honrados y posición económica desahogada. Empezó la carrera eclesiástica, a la cual se sintió inclinado desde sus primeros años, ingresando en el Colegio de Vocaciones Eclesiásticas de dicha capital, donde cursó los estudios de Latín y Humanidades. Pasó luego al Seminario Central, en el que estudió Filosofía, Teología y Derecho Canónico, con notable aprovechamiento, habiendo obtenido en todos los cursos la nota predominante de sobresaliente y graduándose de Doctor en las dos últimas facultades.

Ordenado de Presbítero, se le envió como Coadjutor independiente de Guadasequies, de donde pasó a ocupar una de las Coadjutorías de San Esteban, de la capital, cargo que desempeñó satisfactoriamente. Se le nombró luego Profesor en la Facultad de Derecho y Archivero de su Seminario.

Teniendo necesidad nuestro Excmo. y Rvdmo. Prelado de un Sacerdote idóneo, a quien confiar la Secretaría de Cámara, lo escogió para este difícil cargo, confiriéndole a la vez una canonjía en la S. I. Catedral. Durante el tiempo que desempeñó dicho oficio guardó a su Señor una lealtad inquebrantable y una docilidad ciega.

Al estallar la revolución hallábase en el pueblo de Benimantell, de donde trasladóse a su pueblo natal, cuyo comité le obligó a segar arroz por espacio de quince días.

Salió de Guadasuar con propósito de esconderse en Valencia o en Barcelona; mas fue detenido y encarcelado en Alcira, a donde dos familiares fueron a buscarle, siendo asimismo detenidos por los rojos, quienes sacaron a los tres una noche y los mataron a tiros de escopeta cargada con perdigones.

Los asesinos, considerándolos muertos, los dejaron abandonados debajo de los naranjos; pero al querer al día siguiente recoger los cadáveres para darles sepultura, no encontraron al del Sacerdote, a quien, habiéndolo buscado, lo encontraron desangrado, si bien aún con vida; y así lo condujeron al cementerio. Mas al oponerse el sepulturero a enterrarlo con aquella poca vida, el semimuerto abrió los ojos y en ademán de gratitud los dirigió hacia él. En vista de lo cual los esbirros le hicieron varios disparos sobre la cabeza para rematarlo; y luego el piadoso sepulturero ejerció su caritativo oficio.

(Del Folleto de 61 páginas “Héroes de la Fe”, escrito recién terminada la guerra española, por el M. I. Sr. Don Joaquín Espinosa Cayuelas, Rector del Seminario Diocesano, que también padeció persecución y prisión).

SIERVO DE DIOS JOSE DEL CAMPO ALBIÑANA


Sacerdote Coadjutor de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Ayora (Alicante)

En los años que inmediatamente precedieron a la contienda civil, en los que «se mascaba la tragedia», recuerdo a un profesor de Teología del Seminario (1), quien comentando la situación nos dijo: «Sólo me consuela el escuchar cada ma­ñana en la catedral la lectura del Martirologio». Porque en tiempos de persecu­ción, el ejemplo de los mártires alentaba y confortaba. Y el que sufrió la iglesia española superó todos los pronósticos. Prescindiendo de motivos políticos, el nú­mero de sacerdotes, religiosos y seglares sacrificados por el delito de ser miem­bros de la iglesia es elevadísimo. Baste leer la prensa de aquellos tiempos para confirmarnos en lo dicho. Decía «La Vanguardia» el 2 de agosto de 1936: «La clase obrera ha resuelto el problema de la iglesia, no dejando en pie ni una si­quiera...». «Hay que extirpar a sacerdotes y religiosos... La iglesia ha de ser arran­cada de cuajo de nuestro suelo..., «Solidaridad Obrera» del 15 de agosto. En un congreso internacional celebrado en Moscú en 1937, decía el representante es­pañol: «Nosotros hemos resuelto el problema religioso. España ha sobrepasado la obra de los soviet; la iglesia no existe en España (2) porque ha sido aniquila­da». Con estas consignas no puede extrañarnos la muerte de tantos inocentes.

Uno de ellos era D. José del Campo Albiñana, nacido en Ayora el año 1877.

Sintiéndose inclinado al estado sacerdotal, ingresó en el Seminario de San Mi­guel, de Orihuela, y superados dignamente todos los cursos, fue ordenado sacer­dote en 1902.

Quiso la providencia que su primero y único destino fuera su pueblo natal, y allí permaneció fiel a su ministerio, hasta el fatídico 1936.

Vida al pare­cer rutinaria, pero empleada y gastada por los demás, porque el sacerdote evan­geliza a los pobres, siembra esperanza en los que la han perdido, pone amor en donde hay odio, une lo separado y enseña desde niños que hay un Dios Padre de todos.

Pero en palabras del Evangelio: «Si a Mí me han perseguido también os perseguirán a vosotros». Y a D. José le llegó la hora del martirio y de la prueba. Por causa de enfermedad, yacía en el lecho del dolor, pero sin entrañas, le arran­caron violentamente de la cama y condujeron a la cárcel (3). Al siguiente día, trasladado en el coche asesino, lo ejecutaron en el término de Bonete. Así trata­ron sus paisanos a este hombre sencillo e inofensivo. Dios tenga misericordia de tales verdugos, por quienes desde el cielo rogaría D. José (4).


(1) «Héroes de la fe», Mons. Joaquín Espinosa, 1942.


(2) Datos: Boletín del Obispado, «Héroes de la fe», J. Espinosa; «Persecución religiosa en la Diócesis de Cartagena», Emilio Sánchez Baeza, 1987.


(3) D. José Sanchiz Royo, Canónigo Penitenciario de la Catedral de Orihuela.


(4) Palabras de J. D. en el Congreso de los Sin-Dios en Moscú, p. 73, P. Religiosa.

SIERVO DE DIOS FRANCISCO ROS LLORCA, FIEL LAICO


El Siervo de Dios nació en el domicilio de sus padres, Plaza de Rafal, Orihuela, el 21 de diciembre de 1900. Padres y abuelos, todos eran agricultores de San Miguel de Salinas. En busca de mejor vida, los padres se afincaron en Orihuela. 

De niño, dirigido por sus padres Francisco y Manuela, frecuentó escuelas en las que se enseñaba Religión, y sobre todo las aulas del Oratorio Festivo de San Miguel, fundado por el valiente y celoso sacerdote Don Juan Torres Silva, para atención de tantos niños perdidos por la Ciudad con predilección por los peñeros.

Después de una juventud ordenada y cristianamente vivida en familia, el 25 de noviembre de 1928, contrajo matrimonio a los 28 años, con la señorita Milagros Illán Cecilia, de veinticinco, hija de los honrados padres Francisco y Dolores. Como no podía ser menos, fue Don Ramón Barber quien asistió como sacerdote y Consiliario de La Federación de Obreros Católicos, al enlace de su discípulo Paco Ros.

Francisco Ros trabajaba de impresor en la Imprenta de Don Adolfo Clavarana, situada en la Calle que lleva el nombre del ilustre, honrado y muy católico abogado, también conocida como "La Calle del Colegio", por ser la que conduce al Colegio de Santo Domingo.

Además de ser uno de los trabajadores que seguían a Don Ramón Barber en sus instrucciones, Ros era un artista en las tablas, a las que subía para hacer agradable la vida de todos los amigos, en aquellas tardes de los domingos de sana diversión, con actos teatrales de sainetes y dramas.

Invariablemente, todas las mañanas ayudaba la Santa Misa en el Convento de las Religiosas Agustinas ("Las Monjas del Chorro"). Como remedio para su pereza, tomó el sacrificio de asistir a aquella Misa tempranera. En las tardes, asistía y dirigía para los fieles, los cultos del Convento, como el rezo del Santo Rosario, las Novenas, etc.

Era Adorador Nocturno del Santísimo Sacramento en el turno de la Catedral.

Llegada la Guerra Civil, fue detenido, encarcelado y llevado a la Provincial de Alicante, Juzgado bajo falsas acusaciones apoyadas en su pertenencia a la Federación de Obreros Católicos y en su amistad y defensa del Consiliario Don Ramón Barber.

Condenado a muerte, no se echó atrás; en unión de su compañero Antonio Esquer Balaguer, obrero católico como él, y de los sacerdotes Don Ramón Barber, Don Alfonso Moya y Don José Torrella, fue ejecutado en el patio de la Cárcel Provincial el 8 de diciembre de 1936, Solemnidad de la Inmaculada. Murió dando vítores a Cristo Rey y Cristo Obrero.

Sus restos, inhumados de inmediato en el cementerio de Alicante, acabada la persecución, el 4 de julio de 1939, fueron trasladados el Cementerio de Orihuela.

El proceso de su canonización, fue abierto el 13 de Mayo de 2002 en la Capilla del Seminario de San Miguel, en presencia de gran cantidad de sacerdotes diocesanos.

SIERVO DE DIOS ANTONIO NOGUERA MARTÍNEZ El más joven de nuestros mártires


Entre las numerosas pedanías del extenso Municipio de Orihuela, sobresale una con perfumes de santidad, LA APARECIDA. Los que conocen con amplia perspectiva histórica a esta Comunidad humana, arracimada en los núcleos de La Aparecida con Raiguero de Levante y Raiguero de Poniente, no pueden ignorar que "la familia" ha sido mimada con especial esmero por aquellos vecinos. El respeto por la familia, proverbial entre ellos desde antiguo, tiene su origen en la intensa fe y vida cristianas de sus antepasados. Miembro de una de esas familias es el Siervo de Dios, Obispo de Santa Marta (Colombia), Monseñor Francisco Simón Rodenas, en adelantado proceso de canonización. Hablar del Padre Francisco, es para los hijos de La Aparecida como un lugar común de sentimientos de emoción, y de remedio de sus congojas y penalidades.

Pero junto con el santo Religioso Capuchino en vías de canonización, encontramos inscrito en los anales de los mártires de la Diócesis de Orihuela-Alicante, otro apellido muy de La Aparecida, "NOGUERA". Se trata de un joven nacido en ese pueblo de la Virgen, el día 27 de agosto de 1918 y bautizado con el nombre de ANTONIO, como el abuelo paterno, el día 1 de septiembre del mismo año.

Sus padres, Felipe Noguera Hernández, de La Aparecida, y Mª Salud Martínez Illescas, de Orihuela, tuvieron dos hijos Antonio y Mª Salud. Cuando Antonio contaba dos años, murió su madre, Mª Salud. Triste desamparo en la joven familia. Pero quiso la Providencia que Felipe fuera a Murcia al mercado de los jueves, allí conoció a un matrimonio de Rafal y en la conversación se comentó su viudez y la necesidad de encontrar una madre para sus niños pequeños. La esposa del matrimonio citado tenía una hermana soltera. Todo se arregló invitando a Felipe a comer en Rafal. Allí se conocieron Felipe y Joaquina Diego Aguado, contrajeron matrimonio y vivieron en casa de Felipe en La Aparecida. Aquella casa, vivienda propia, era como la de tantos modestos agricultores, que compaginaban el cuidado de sus pocas tahullas de tierra de huerta, con la crianza de animales para casa y venta, y con el trabajo asalariado en la propiedad de otros vecinos. Todo iba bien aunque a bajo rendimiento, hasta que el Río Segura hizo otra de las suyas en septiembre de 1924, invadiendo con aguas sin control, casas y cultivos, dejando en la ruina, como a tantos otros, a la familia Noguera Diego. ¿Qué hacer ante la vuelta a quedar sin nada, sometidos a préstamos sobre los que pesaba la usura inclemente de personas sin conciencia? Pobreza sí, pero no desesperación. Todo podía faltar, pero no el rosario en familia. Acudiendo a su Virgen de Belén vino la solución: Emigrar. A Francia me iré, dijo el padre.

Vendidas las tierras, no la casa, buscó donde dejar a su familia, y encontró cobijo en Alicante, una sencilla vivienda en la Calle Villavieja, Nº 27, segundo piso. Aquí en alto, se dijo, aunque cerca del mar, el agua no va llegar. Vecinos fachada con fachada de la Iglesia de Santa María, mirando a tan preciosa imagen, a ella con lágrimas de nostalgia viéndose lejos de su terruño, imploran solución para su vida, y la encontraron.

En la estabilidad familiar conseguida, fueron mejorando de vivienda, del 2º piso de Villavieja bajaron a la planta baja, de aquí pasaron a C/ Teniente Luciáñez (Paseíto de Ramiro en donde está ahora la Biblioteca) y definitivamente a la C/ Gravina, 18; aquí murió Felipe a los 73 años.

Llamaba la atención del vecindario el comportamiento de los nuevos inquilinos: sencillos, agradables, piadosos, de Misa dominical, y con frecuencia diaria; el párroco de Santa María, Don Francisco Antón Tarí, muy amable, notó en seguida la nueva presencia; los vecinos los fueron tratando, conociéndoles y sintiendo cariño por ellos. Doña Társila, mujer distinguida y buena feligresa, habiendo sabido de la situación de la familia Noguera, y los planes del padre de machar a Francia, consigue con la influencia de su marido, que el Señor Noguera sea admitido en la plantilla de jardineros alicantinos, convirtiéndose así, en funcionario del Ayuntamiento.

Con esa realidad cambió el panorama: se acabaron las riadas y el proyecto francés, la cosecha estará asegurada por el sueldo mensual. Nueva esposa y madre para sus hijos. En la casa floreció una nueva primavera. Felipe, se esmeraba cada vez más por tener la parcela de sus jardines, el "Paseíto de Ramiro", en perfecto estado.

En estas circunstancias de bonanza familiar, con el gozo de tener con quien compartir sus juegos, por el nacimiento sucesivo de cuatro nuevas hermanas del segundo matrimonio de su padre (Carmen, Conchita, Josefa y Teresa), el Siervo de Dios frecuentaba las aulas del Colegio Salesiano; crecía en edad y en conocimientos útiles; al mismo tiempo la piedad heredada en su hogar se acrecentaba bajo la sombra de los padres salesianos, que lo estimaban por su aplicación y por su amor a María Auxiliadora. Se conservan algunos diplomas Premio al mérito, del Colegio y del Ayuntamiento.

A los 13 años, 1931, con la proclamación de la II República Española, aquellos ojos abiertos y ambiciosos del saber y del mejor vivir para sí y para su familia, toparon con el turbio espectáculo de un Colegio asaltado, devastado e incendiado, con algaradas callejeras de la chusma sin Dios; y hasta, otro día con el dolor de contemplar a su Director Don Recaredo de los Ríos maniatado, arrastrado por la calles, azotado, acompañado de gritos amenazadores pidiendo que fuera tirado al puerto o desde el Castillo… Volvió roto a su casa, lloraba, y de pena se daba golpes en la cabeza… No entendía.

El 11 de mayo a las 8 de la tarde comenzó el vandalismo contra el Colegio Salesiano… Los últimos salesianos en salir de entre las llamas fueron Don Jaime Mª Buch y Don Recaredo de los Ríos… "Los llevaron entre denuestos, imprecaciones y amenazas hasta la Plaza de Chapí. Precedía la bandera republicana y en el centro de la muchedumbre de revoltosos, las dos figuras se difuminan y se pierden. Don Jaime recibe un golpe y es llevado a la cercana Casa de Socorro…" "En la Plaza de Chapí se formó un tribunal popular. Se pide al pueblo que decida la suerte del Director de las Escuelas Salesianas. La mayoría pronuncia el fallo de la muerte, inclinándose porque sea arrojado al mar con una cuerda al cuello y una piedra en un extremo… Se le anuda la soga a Don Recaredo y el grupo avanza calle de Castaños abajo, precedido de la bandera republicana y cantando, a voz en grito la Marsellesa".

"Pero tampoco el pueblo llevó a cabo sus propósitos y es una estratagema lo que salva la vida al Director Salesiano. Intervino el Concejal republicano Señor Antón y el abogado Señor Gomariz. Éste, ante el peligro evidente que se cierne sobre una vida, tiene un rasgo de ingenio que logra salvarla. "No le matéis, dice que quiere eso, quiere ser mártir y nosotros no podemos consentir que salga con la suya". "Aquello de que Don Recaredo no se saliera con la suya le salvó la vida. La cuestión era hacer la contra a Don Recaredo. Y el pueblo, dócil e ingenuo, le llevó en volandas hasta la Comisaría incólume y salvo"(Diario de Alicante del 15 de mayo de 1931)

Don Recaredo marchó hacia Barcelona, el Siervo de Dios lo amaba entrañablemente y le escribió consolándole, pidiendo su oración y una foto personal. Antonio recibió respuesta de su Director: "Barcelona, 1931. Querido Antoñito: he recibido tu carta y estoy muy contento de que te acuerdes de mí, gracias. Me dices que te envíe una foto mía, y como no tengo ninguna, te envío una de nuestra querida Madre María Auxiliadora, para que nunca te olvides de Ella. Espero que sigas frecuentando los Santos Sacramentos; dichoso tú si así lo haces en la tierra y dichosísimo en el Cielo. Tuyo afectísimo en Cristo. Recaredo de los Ríos". (Don Recaredo, encarcelado en la Modelo de Mislata, fue sacado a las cuatro de la mañana del día 9 de diciembre de 1936 y martirizado en el Picadero de paterna. Beatificado en Roma el 11 de marzo de 2001)

Antonio, todos los días asistía a la Santa Misa en la Colegiata de San Nicolás antes de ir al trabajo. Los canónigos Don Manuel Penalva y Don José Cilleros, hablarían de él si vivieran, a ellos les ayudaba la Misa y a veces en el Hospital Provincial.

Terminados los estudios, los mismos Salesianos le buscaron trabajo en los Almacenes Alemanes, propiedad de los Señores Steinkampf, y en tiempos libres ganaba unas pesetas representando a casas de Barcelona, visitando comercios en Orihuela y pueblos de su entorno. "En una ocasión, dice su hermana Carmen, estuvo una semana entera dando vueltas por aquellos pueblos ¡ojala no hubiera vuelto!".

El año 1936, por el mes de febrero, la policía comenzó a dudar de él, porque andaba con una pandilla de amigos más o menos de su edad, casi todos estudiantes, muy católicos y algunos adheridos a la Falange. Lamenta una de las hermanas, que en cierta ocasión fuera con ellos a la Prisión para visitar a José Antonio Primo de Rivera, joven político y católico, pero político.

Aunque así fuera, el informe escrito que obra en el Archivo Nacional, "Causa General", se le reconoce "sin filiación política". Obedeció el consejo de su padre: "Hijo, apúntate a cosas de Dios, pero no a grupos políticos". El padre le exigía que a las nueve de la noche estuviera siempre en casa, y él, que era muy dócil, nunca lo defraudó.

La policía pudo haberse confundido al ver a Antonio con aquellos amigos; téngase en cuenta que el Círculo Católico y la sede de Falange estaban en pisos superpuestos del mismo edificio en la Rambla. Es natural que se conocieran, se trataran y salieran unidos en pandilla. Sí, es verdad que Antonio, dijo cierto día en casa, que había consultado con el confesor si era malo inscribirse en un partido político, y el confesor le dijo que no, siempre que fuera un partido de ideas cristianas, y Falange lo era, al menos por el Fundador.

Cuando salía de San Nicolás, algunos días lo cacheaban los guardias, al parecer buscando armas, porque corría el bulo de que los curas tenían arsenales de armas en las iglesias. ¡Pobre gente! No tenían los curas otra cosa que hacer…

Pasado el 18 de julio, dice su hermana Conchi, llegó a la puerta de su casa en Villavieja un guardia con un coche que llevaba una calavera pintada, y paró al final del jardín de Santa María. El guardia entrando en casa preguntó por Antonio, que estaba ausente, y la madre en el mercado. El guardia esperó sin prisas, se llamaba Alejandro Real, hombre de orden, de corazón cristiano que después, descubierto, coincidió con el Siervo de Dios en la cárcel, en el paredón de la muerte y en la sepultura.

El guardia Alejandro, obedeciendo, se llevó en el coche a Antonio para declarar ante el Gobernador Civil y ya no volvió a casa, era a finales de julio o primeros de agosto, tenía 17 años.

En la cárcel pudo conocer y tratar a muchos presos de Alicante y provincia. La presencia de dos sacerdotes, Don Jerónimo Vergel Cases y Don José Manuel Planelles Marco, aseguraban la presencia del Señor por la celebración clandestina de la Eucaristía y la confesión a quien lo solicitaba; Antonio se confesó y así lo dijo a la familia. Su hermana Carmen lo visitaba y, porfiando con los porteros podía estar con él, era una niña, y a veces se enteraba de lo que otros no podían. En cierta ocasión, fijándose en la libreta que manejaba el guardia de puerta, observó que el nombre de su hermano estaba tachado lo mismo que otros. Tras preguntar por ese detalle, no recibió respuesta. La conoció después.

El 28 de noviembre, la aviación nacional bombardeó la Ciudad durante ocho horas. Al día siguiente, como represalia, fueron llevados 52 presos al cementerio en el camión del Hércules C. de F.; la mayoría eran jóvenes de 15 años en adelante, entre ellos dos sacerdotes y nuestro Antonio Noguera Martínez. No cabe duda, murió confortado por la absolución sacramental, que pudo recibir gracias a la presencia de sacerdotes asesinados como él.

Uno de los fusilados cayó envuelto entre el resto de cadáveres, se fingió muerto y, cuando la oscuridad de la noche cubría el camposanto y el grave silencio denotaba la ausencia de vivos, malherido, renqueando, saltó la tapia del cementerio por una esquina, apoyando un pie sobre las manos de una imagen de la Inmaculada, y escapó campo a través. Él contó acabada la guerra, que todos habían muerto vitoreando a Cristo Rey  y a España.

No cabía mayor tristeza en aquella familia. No merecía "Antoñito" (así era conocido en su calle) aquel trato, decían unos, mientras otros lo recordaban como "un mártir por Dios y por España". Quiera Dios, que su nombre sea puesto por la Iglesia  en el canon de los mártires, sólo por su fe en Cristo.

Más tarde, se encontró en la pared del cementerio, un pequeño rectángulo de yeso con la siguiente inscripción a lápiz: "En recuerdo de mi inolvidable, querido, fiel y colaborador Antonio Noguera Martínez - vilmente asesinado el 29 de noviembre de 1936 por las hordas rojas - firma ilegible - Antonio Noguera Martínez - ¡Presente! – Tu amigo - Otra firma ilegible". (Era el testimonio de sus dueños alemanes ¿?)

JUAN BAUTISTA MAS CANDELA


Testimonio de un señor de Crevillente. JUAN BAUTISTA MAS CANDELA era un obrero, un trabajador de la Fábrica de Más Candela. 

En los tiempos libres se dedicaba a colaborar con la parroquia como sacristán gratuitamente. Su ilusión era poder ahorrar algún dinero y poder comprar objetos de la iglesia o alguna imagen. 

Con sus pequeños ahorros pudo comprar la imagen de San Pedro Arrepentido que aún guardamos y que desfila en nuestra Semana Santa. 

Para conseguir esa imagen le tocó hacer un enorme sacrificio trabajando día y noche. 

Cuando su trabajo oficial se lo permitía, siempre estaba en las cosas de la iglesia. Nadie puede decir que Bautista se metiera en cuestiones políticas o tuviera diversiones absorbentes.

En cierta ocasión que iba de su casa a una ferretería a comprar algún material para su trabajo, desde un bar fue avistado por unos desalmados que se llegaron a él tomándolo como objeto de burla y diversión para acabar matándolo. 

Es la versión oída a mi padre y a otras personas que fueron testigos de tan ignominiosos hechos. Conseguí hablar con el chofer que le condujo al cementerio después de martirizarlo en el templo parroquial: me contó que a cierta distancia presenció los malos tratos que le daban, y que oyendo los gritos de dolor y ayes lastimeros del pobre sacristán moribundo, les gritó diciendo: "¡Ya está bien, no le hagáis sufrir más, acabad de una vez!

Según la hija del sepulturero, los milicianos aquellos le obligaron a cavar su tumba, lo metieron dentro y dijeron al sepulturero que lo cubriera o tapara, pero éste se negó a enterrar a una persona que aún estaba viva. Con todo, siguieron martirizándolo hasta acabar enterrándolo con vida.

Es cuanto guardo en mi memoria y puedo contar.