SIERVO DE DIOS ANTONIO SORIA GABALDON Párroco de San Juan de Elche


Nació en la villa de Aspe el 9 de noviembre de 1874; bautizado al siguiente día en la Parroquia de Ntra. Sra. del Socorro. 

Ingresó en el Seminario de la Purísi­ma Concepción de Orihuela, obteniendo, en los largos años de la carrera ecle­siástica, la calificación de Matrícula de Honor en todas las asignaturas. 

El año 1899, finalizó los estudios y recibió el Orden Presbiteral en las Témporas de Pentecostés. 

Para ampliar estudios se trasladó al Seminario de Valencia, donde obtuvo los grados de Bachiller y Licenciado en Sagrada Teología. 

Con una clara vocación docente, tanto en Valencia como en su villa natal, actuó de profesor en academias prepa­ratorias al Bachillerato.

El año 1911 fue nombrado Profesor de Teología Dogmática en el Seminario Diocesano, regentando dignamente la cátedra durante un quinquenio. 

Concursó a parroquias en 1916 y obtuvo la de San Juan Bautista de Elche, tras haber sido en corto tiempo Ecónomo de Pinoso.

La mencionada parroquia ilicitana, sita en el arrabal, y antigua morería, era, pastoralmente, la más complicada de Elche, por su numerosa población fabril, minada por la propaganda marxista. Intentó dialogar, pero no le fue posible.

Con motivo de una celebración pública funeraria, a la que se oponía cierto sector, y de la que el intrépido párroco consiguió autorización del Gobierno Civil de la provincia, se encendieron los ánimos al rojo vivo y el anticlericalismo (prensa y militantes) se cebaron en el cura de San Juan, convertido en signo de contradic­ción. 

Pronto tuvieron ocasión de demostrarlo en el premeditado incendio y pos­terior destrucción de la Iglesia de San Juan, con su aneja Casa Parroquial, el 20 de febrero de 1936 con motivo del triunfo del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero (5).

Aunque D. Antonio intentó permanecer en Elche, no lo pudo conseguir, y tuvo que refugiarse en el Seminario de Orihuela, donde por su piedad y confor­midad sacerdotal edificó a los seminaristas. Mas incautado el Seminario, tras el 18 de julio, por el Frente Popular de Orihuela, marchó a su villa natal (Aspe), instalándose en casa de un amigo. 

Poco después, perseguido y tenazmente bus­cado por los «jerifaltes» de Elche, fue conducido y encarcelado en la ciudad de las palmeras, siendo trasladado por elementos del Frente Popular de Aspe.

El 26 de septiembre del mismo año, fue sacado de la prisión en unión del médico ilicitano D. Carmelo Serrano y del abogado Sr. Pérez, de la misma Ciu­dad. Como suponían que marchaban al martirio, y el Sr. Serrano lloraba inconso­lable, pues era padre de siete hijos, fue providencial la presencia de D. Antonio, quien levantó su abatido espíritu y exhortó con cristiana fortaleza a sufrir el mar­tirio, para el que Dios les había elegido. 

En el trayecto de Elche a Alicante, y en lugares distintos fueron sacrificados los señores médico y abogado  y, cerca ya de la capital, recibió asimismo el martirio D. Antonio Soria.

Hasta después del mediodía, los cadáveres quedaron insepultos, y al del sacerdote no le faltaron las burlas y mofas correspondientes. Uno de los jefes, al contemplarlo, dijo:
-“De poco te ha servido tu talento y la confianza que tenías en tu Dios. ¿Por­qué no te ha salvado de la muerte?”. Este señor, repetía las mismas palabras de los enemigos de Jesús en el Calvario. 

Nunca fue D. Antonio tan sacerdote de Cristo, como en su pasión y muerte.

Poco después de las tres de la tarde fue recogido su cadáver y traslado al Cementerio Municipal de Alicante. 

Pasada la contienda, el 23 de julio de 1939, enorme multitud acompañó sus restos, con todos los honores, hasta el Cemente­rio Municipal de Aspe, tras las solemnes exequias en la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro.