SIERVO DE DIOS BARTOLOME MUÑOZ GOLF Cura de Petrer: “Os pido perdón por si en algo os he ofendido. Ya podéis disparar”


Nacido en Caudete el día 3 de abril de 1890. 

El ambiente familiar cristiano y el de su villa natal, tan fecunda en vocaciones eclesiásticas y religiosas, despertaron en su adolescencia la inclinación al sacerdocio, cuyos estudios cursó en el Semi­nario de la Purísima Concepción de Orihuela, con notable aprovechamiento. 

Re­cibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo del 1913, siendo su primer destino la ciudad de Monóvar, como Capellán del Asilo de Ancianos. 

Doce años más tarde, fue trasladado al Monasterio de la Santa Faz, en el corazón de la Huerta de Alicante. 

Su labor fue meritoria, tanto por su exquisita dedicación al culto de la Sagrada Reliquia y servicio de la Comunidad de Clarisas, como por su labor pastoral entre los feligreses del caserío y huerta.

En el año 1929, fue nombrado cura-ecónomo de Petrer, en cuyo oficio se condujo como pastor amante de sus ovejas. 

Pronto tuvo ocasión de demostrarlo, con motivo de la sublevación militar de Jaca y huelgas consiguientes, fue­ron encarcelados siete vecinos de la villa. 

La eficaz intervención del párroco, amigo del gobernador civil de la provincia, por ser antiguo condiscípulo en el Seminario, motivó la pronta libertad de los detenidos, cuyos motivos de cautive­rio eran esencialmente políticos. El pueblo agradeció tan meritoria labor.

En el apostolado de la Acción Católica, trabajó incansablemente. Su estima por parte de todos los sectores del pueblo era tal, que durante la República, años 31 al 35, no fue por nadie molestado y los actos del culto se celebraron con toda normalidad, a diferencia de su vecina Elda.

Pero al estallar la revolución a partir del 18 de julio de 1936, las cosas se complicaron y acabaron para él en tragedia.

Tras el 18 de julio fue visitado por el Alcalde de Petrer, quien le dio toda clase de garantías. “Esté tranquilo que no le va a pasar nada. Nadie le molestará”.

A pesar de ello, D. Bartolomé, pensando en la tradicional religiosidad de su pueblo, solicitó su traslado a Caudete, renovándose las promesas de seguridad por parte de ambas autoridades. Mas con el paso de días y meses, la situación se endureció, no pocos dirigentes fueron reemplazados y la agresivi­dad antirreligiosa se acrecentó de modo inesperado.

El 6 de septiembre, entraron en su casa diez o doce milicianos, casi todos de Petrer, aunque guiados por algunos de Caudete. 

De malos modos, le traslada­ron al convento de religiosos carmelitas de Caudete, convertido en prisión, incomunicándole y diciendo al portero (quien ha referido los hechos): “Mañana daremos el «paseo» a D. Bartolomé”.

Los familiares le enviaron algo de comida que no llegó a probar. Efectiva­mente, en las primeras horas de la noche varios individuos de Petrer y uno o dos de Caudete, le hicieron subir en un coche (de Petrer) conduciéndole a la carrete­ra general de Caudete a Villena.

Viendo llegada su hora, al descender del coche suplicó a sus verdugos le concedieran unos momentos de preparación para comparecer ante Dios. Le fueron otorgados y añadió:
“Os pido perdón por si en algo os he ofendido. Ya podéis disparar”. Extendiendo sus brazos en cruz y siendo portador en sus manos de una pe­queña cruz e imagencita de la Virgen, recibió los disparos, quedando su cuerpo abandonado en la carretera. 

Era el 7 de septiembre, víspera de la Patrona de su pueblo, Ntra. Sra,. de Gracia.

Avisaron a los de Villena «que había un muerto en la carretera» y una piado­sa señora, al saber quien era prestó una sábana en la que fue envuelto su cuerpo en el cementerio de Villena.

Sus familiares conservan el Rosario, la Virgencita y las gafas, manchadas de sangre. 

Pasada la guerra, sus restos fueron trasladados al cementerio de Caudete.