SIERVO DE DIOS JOSÉ GARCÍA PÉREZ


El Siervo de Dios nació en la Villa de Pinoso el año 1875 y en su templo parroquial de San Pedro Apóstol bautizado el mismo año.

Hijo de familia muy pobre, para sufragar sus estudios trabajó como empleado en la necesidades del seminario y de los alumnos.

Muy aficionado a la música, simultaneó sus estudios con los de la carrera eclesiástica.

Ordenado sacerdote en las témporas de la Santísima Trinidad del año 1901, tuvo como primer cargo, el servicio a la parroquia de Pinoso que le vio nacer, en calidad de organista.

Por oposición obtuvo el curato de Algueña en donde dejó muy gratos recuerdos.

Más tarde, fue enviado a la parroquias de Albatera, y por fin el año 1934 a la de Monforte del Cid, su último cargo pastoral.
 
En esta parroquia, emprendió una labor pre-evangelizadora que englobaba a toda la feligresía, por haber puesto en marcha una campaña de aceptación general, cual era la de elevar la cultura de niños y jóvenes, sacando de ellos valores artísticos escondidos.

No faltan hoy día los que recuerdan y agradecen a Don José su carrera artística y los triunfos de su vida.

Llegó éste buen párroco a Monforte del Cid, en tiempos difíciles para la Iglesia. El 18 de Julio de 1936, comenzó el tramo más doloroso para la vida de Don José García.

En los primeros días de la revolución fue detenido, maltratado bárbaramente y llevado a la prisión provincial de Alicante juntamente con un grupo de feligreses que, juzgados, fueron condenados a 12 años de reclusión.

El Frente Popular Monfortino, que por encima de todo quería la muerte del párroco, exigió un nuevo juicio con el pretexto de revisar la causa. Celebrado el juicio, fueron absueltos los paisanos y condenado a muerte el párroco.

Tras cuatro días de capilla esperando la ejecución, tuvo esta lugar la víspera de Navidad, sin que surtieran efecto las numerosas súplicas interpuestas por los vecinos de Monforte para su indulto.
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El 2 de Septiembre de 2004, vuelve el ejemplar sacerdote al templo parroquial de Ntra. Sra. de las Nieves de Monforte del Cid, con la presencia de sus venerables huesos, para perpetua memoria y estímulo de fe de los que fueron sus feligreses.